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Sam Altman compara criar un humano con entrenar IA para justificar el consumo energético de ChatGPT

Sam Altman compara criar un humano con entrenar IA para justificar el consumo energético de ChatGPT

por Edgar Otero

Sam Altman, CEO de OpenAI, ha vuelto a situarse en el centro de la polémica tras unas declaraciones sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial. Durante un evento organizado por The Indian Express en el marco de una cumbre sobre IA en India, Altman defendió el consumo energético de ChatGPT comparándolo con el coste de criar un ser humano durante dos décadas.

Según Altman, las críticas al consumo de ChatGPT son "injustas" porque se centran en "cuánta energía se necesita para entrenar un modelo de IA en relación con cuánto le cuesta a un humano hacer una consulta de inferencia". Su argumento es que "también se necesita mucha energía para entrenar a un humano", citando los 20 años de vida y toda la comida consumida antes de que alguien se vuelva inteligente, además de "la evolución generalizada de los 100.000 millones de personas que han vivido" para producir el conocimiento actual.

El CEO también negó rotundamente las preocupaciones sobre el consumo de agua, calificándolas como "totalmente falsas" y afirmando que las cifras que circulan en internet sobre el uso de agua por consulta son "completamente falsas, totalmente locas, sin conexión con la realidad". Sí reconoció, en cambio, que es "justo" preocuparse por el consumo energético total de la IA, añadiendo que el mundo necesita "moverse hacia la energía nuclear o eólica y solar muy rápidamente".

Humanizar a la máquina, deshumanizar al humano

Las declaraciones de Altman generan un enorme rechazo por su enfoque deshumanizador. Comparar el desarrollo de un ser humano con el entrenamiento de un modelo de inteligencia artificial reduce a las personas a meras máquinas de producción económica, ignorando que los humanos tienen valor intrínseco más allá de su capacidad para responder preguntas o realizar tareas laborales.

Las personas no existen únicamente para "hacer inferencias" o ejecutar consultas. La energía que consume un individuo a lo largo de su vida no puede medirse exclusivamente en términos de productividad económica. Los humanos tienen derechos, relaciones, cultura, experiencias vitales y dignidad que los distinguen fundamentalmente de cualquier tecnología. Comen, viven, crean, aman y contribuyen a la sociedad de formas que no pueden reducirse a un cálculo energético comparativo.

Además, la comparación es una falacia económica desde su origen. Y es que la mayor parte de la energía que consume una persona no tiene ninguna relación con su capacidad productiva en el mercado laboral. Es un argumento absurdo que solo tiene sentido si se concibe a los seres humanos como herramientas, algo que parece ser así en el caso de Sam Altman.

Opacidad corporativa y negacionismo científico

Altman niega estudios científicos independientes sobre el consumo de agua sin aportar datos propios que respalden su posición. El problema de fondo es que no existe obligación legal para que las empresas tecnológicas divulguen cuánta energía y agua consumen sus operaciones, lo que ha llevado a científicos a intentar estudiarlo de forma independiente.

Las investigaciones vinculadas en el artículo original de TechCrunch tratan de documentar el uso masivo de agua en la refrigeración de centros de datos. Aunque Altman afirma que ya no se utiliza refrigeración evaporativa, múltiples estudios contradicen esta narrativa o sugieren que el problema persiste en muchas instalaciones. Sin transparencia real de las compañías, resulta difícil verificar sus afirmaciones.

El impacto real está documentado: los centros de datos han sido relacionados con el aumento de precios de la electricidad en varias regiones, y el consumo energético de la IA ha disparado las emisiones de carbono de empresas como Microsoft y Google, que habían prometido neutralidad climática. OpenAI, respaldada por Microsoft, ha visto cómo su huella ambiental se multiplica desde el lanzamiento de ChatGPT.

En lugar de reconocer el problema o proponer soluciones concretas como reducir el uso innecesario de IA o mejorar la eficiencia energética, Altman opta por desviar la conversación con comparaciones filosóficas cuestionables. La pregunta incómoda que evita responder es simple: ¿realmente necesitamos tanta IA generativa? ¿Vale la pena el coste ambiental para que millones de usuarios generen imágenes, resuman correos o hagan consultas que podrían resolverse de otras formas menos intensivas energéticamente?

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Redactor del Artículo: Edgar Otero

Edgar Otero

Soy técnico en sistemas informáticos, empecé a experimentar un Pentium II, aunque lo mío siempre ha sido el software. Desde que actualicé de Windows 95 a Windows 98 no he dejado de instalar sistemas. Tuve mi época Linuxera y fui de los que pidió el CD gratuito de Canonical. Actualmente uso macOS para trabajar y tengo un portátil con Windows 11 en el que también he instalado Chrome OS Flex. En definitiva, experimentar, probar y presionar botones.

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